Salamanca, 25 de octubre de 2019

Amanecimos con 1º C. Ayer tarde terminé de leer El amor, las mujeres y la vida. Poemas de amor de Mario Benedetti:

TE QUIERO

Tus manos son mi caricia

mis acordes cotidianos

te quiero porque tus manos

trabajan por la justicia

              si te quiero es porque sos

              mi amor mi cómplice y todo

              y en la calle codo a codo

              somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro

contra la mala jornada

te quiero por tu mirada

que mira y siembra futuro

              tu boca que es tuya y mía

              tu boca no se equivoca

              te quiero porque tu boca

              sabe gritar rebeldía

si te quiero es porque sos

mi amor mi cómplice y todo

y en la calle codo a codo

somos mucho más que dos

              y por tu rostro sincero

              y tu paso vagabundo

              y tu llanto por el mundo

              porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola

ni cándida moraleja

y porque somo pareja

que sabe que no está sola

               te quiero en mi paraíso

               es decir que en mi país

               la gente viva feliz

               aunque no tenga permiso

si te quiero es porque sos

mi amor mi cómplice y todo

y en la calle codo a codo

somos mucho más que dos.

En mi plan de lectura a partir de hoy releeré la Poesía de José Agustín Goytisolo:

CANTOS RODADOS

Como la piedra amigos

como el canto rodado

en perpetuo combate

con el agua y los años.

Sí: sed las piedras

como cantos rodados:

libres ante la fuerza

duros y empecinados.

Durante la escritura de este post escucho a través de Spotify la Sinfonía nº 9 del “Nuevo Mundo” de Antonín Leopold Dvořák, compositor posromántico natural de Bohemia. Considerado el principal representante del nacionalismo checo en la música y uno de los grandes compositores de la segunda mitad del siglo XIX.

Creo que se escribe y se lee poesía por un sentimiento de honda curiosidad, por el deseo de descubrirse uno mismo y el mundo alrededor. El poeta (como el lector) se inventa, se hace en la aventura poética: enriquece y complica su propia naturaleza. Véase “Poética de Carlos Barral” pág.: 310.

Después de escribir este post iré con el Nacho a dar un paseo por las riberas del Tormes.

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