Salamanca, 27 de agosto de 2019

Esta noche apenas he podido pegar ojo. Y eso que ha hecho fresquito. Amanecimos con unos 14º C. Mientras leo y escribo, siempre, suelo escuchar música clásica. Cuando inicio este post estoy escuchando rne radio clásica: la zarzuela de Luisa Fernanda cantada por Plácido Domingo. Cuánto le gustaba la zarzuela a mi padre Ricardo, él junto a mi abuela Carmen, me infundieron el amor a la música.

Ayer ultimé la lectura de Malas palabras de Cristina Morales, con gran satisfacción. Algunas citas: …yo os daré lo que me pedís, y lo que no me pedís no os lo daré, pero no por ello dejaré de escribirlo, porque una se cansa de que no la entiendan, una se cansa de que quieran quemarla y legítimamente desea que ese tormento acabe, pero de lo que no se cansa una es de pensar el mundo, de contárselo y de intentar no ser tonta…: Teresa de Jesús. … Os contaré, padre García, lo que nunca llegaré a contaros, que es lo mismo que decir que lo que escribo para mí misma, y me lo repito para que, como la muerte, no se me olvide: escribir para ti misma, Teresa, no vale nada, es una tontería de las que tan sabiamente la muerte te aparta, porque no es siquiera el gruñido de muda que le vas a dar al padre García de Toledo en forma de libro de tu vida, que ese gruñido al menos tendrá, por pequeña que sea, la dignidad de comunicación…. ¿cómo voy a seguir sólo el consejo de las Sagradas Escrituras si la Inquisición ha quemado todas las vulgatas y, si se te ocurre guardar alguna, a quien queman es a una? ¿Cómo voy a seguir los Evangelios sin la intermediación de alguien que sepa leerlos en latín? ¿Y quién sabe latín, madre? ¿Las mujeres, que tenemos prohibida la entrada en la universidad?. Si no hubiera tenido no ya sólo el consejo, sino hasta la aprobación de los letrados, ¿creéis que habría podido obtener permiso de fundar?. … No pobreza, padre García. Pobreza radical. No carecer de bienes privativos, sino carecer hasta de bienes comunes. No pedir limosna, sino esperar a que alguien venga al convento a darla. Y si no llega o no llega la suficiente, entonces y sólo entonces trabajar y vender lo trabajado, y el precio obtenido pasa al común sin distinción de quien sea la fábrica. No una única arca en todo el convento, padre, sino una única arquilla diminuta, y siempre abierta y con el contenido a la vista. ¡Que la perfección es un camino, no un estado, que el único perfecto es Dios, sabedlo! ¡Que a mí no se me deja hacer mi voluntad errando y aprendiendo, como a todos los hombres, cayendo y levantando, que me quieren de una vez y para siempre la mejor contable, la más discreta, la má pobre y la más esforzada, y si en algo fallo me llaman mujer débil, y si triunfo es porque Dios lo ha querido! Dios lo habrá querido, se sabe, pero porque Dios conoce mi voluntad y la moldea, es quien la observa y la censura, a quien pregunto y de quien yo, inmerecida y pecadoramente, recibo Su bendita respuesta. … No entiende que el miedo es el hijo pródigo del demonio: frente a la tentación de la carne o del dinero, frente a la ira o la petulancia, pecados todos ellos con su objeto, labores ingeniosas de su malhechor, frente a ellas, digo, el miedo está hecho de humo, es su trabajo más fácil: le basta con ponerse a nuestro lado y dejar que su sombra nos oscurezca. … La merced de la escritura que Dios me da, padre Bonilla, es la voluntad de escribir que yo tengo. Dios es nuestra voluntad y nuestra voluntad, cuando es firme, es Dios. No hay voluntad fervorosa a la que Dios no asista. ¿Y las malas voluntades, y el deseo de obrar mal? A los malvados, ¿también los asiste Dios en su voluntad? A fe mía que no, padre, porque la voluntad de hacer mal nunca es ciega. … Fray Juan: Dios ayuda al deseo cuando es ardiente. Si el deseo de escribir os quema, tome vuestra paternidad la iniciativa y no espere a que Dios baje a entregaros una pluma de ánade real. En viendo Él vuestro celo, penetrará el tuétano del ave y saldrá por su afilada punta como un ingrediente más de la tinta, indisoluble de la mezcla pero volviéndola más oscura y más resistente al paso del tiempo. … Aquella a quienes las carmelitas descalzas llaman Madre Fundadora lo fue no sólo de dieciséis conventos bajo una Orden que ella misma legisló, sino fundadora, además, de una nueva teología de la experiencia y de su correlato literario: el moderno género autobiográfico. Empiezo ahora a leer Parte de una historia de Ignacio de Aldecoa. Llevaba años queriendo releer esta pequeña obra maestra. Aldecoa escribe una prosa poética, existencialista y realista, se me antoja pensar que su obra está emparentada con los cuentos y relatos de García Márquez. Hay que leerlo para poder apreciar el valor de la aportación de los ≪niños de la guerra≫ a nuestra narrativa castellana.

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